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Devocional diario · Along The Way With Him

Perdona como fuiste perdonado

El apóstol Pablo escribió estas palabras mientras explicaba cómo deben tratarse quienes han recibido una vida nueva en Cristo. Primero llama a los creyentes a revestirse de compasión, bondad, humildad, amabilidad y paciencia. Por lo tanto, perdonar no es un acto aislado, sino parte de una vida transformada por el amor de Jesús.

De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. Colosenses 3:13, NVI

El apóstol Pablo escribió estas palabras mientras explicaba cómo deben tratarse quienes han recibido una vida nueva en Cristo. Primero llama a los creyentes a revestirse de compasión, bondad, humildad, amabilidad y paciencia. Por lo tanto, perdonar no es un acto aislado, sino parte de una vida transformada por el amor de Jesús.

Tolerarnos unos a otros no significa acumular resentimiento en silencio. Significa reconocer que todos continuamos creciendo y que las relaciones requieren paciencia, gracia y humildad. Cuando ocurre una ofensa verdadera, el apóstol Pablo nos llama a perdonar siguiendo el ejemplo del Señor.

Jesús no nos perdonó porque lo mereciéramos. Él asumió el costo de nuestro pecado y nos ofreció su gracia. Recordar cuánto se nos ha perdonado evita que nos consideremos superiores a la persona que nos ofendió.

Perdonar no significa fingir que el daño nunca ocurrió, llamar bueno a lo malo o continuar permitiendo el abuso. Tal vez sea necesario reconstruir la confianza, establecer límites prudentes y buscar una reconciliación fundamentada en la verdad. Perdonar significa renunciar al deseo de venganza, poner la justicia en las manos de Dios y negarnos a permitir que el resentimiento gobierne nuestro corazón.

En ocasiones, el perdón es una decisión que debe reafirmarse durante todo un proceso. Es posible que todavía sintamos dolor, pero podemos decidir no alimentar la amargura y pedirle al Espíritu Santo que sane aquello que no podemos reparar por nuestras propias fuerzas.

Detente y reflexiona

Piensa en una ofensa que todavía estés cargando. Háblale a Dios con sinceridad acerca de lo sucedido, sin minimizar el daño ni exagerar la ofensa. Recuerda la gracia que recibiste por medio de Jesús y dile a Dios: «Tú eres Dios. Gracias por escogerme y rescatarme por medio de tu Hijo Jesús. Así como tú me perdonaste, decido renunciar a mi deseo de venganza y poner esta ofensa en tus manos». Si es seguro y apropiado, da un paso hacia la paz: inicia una conversación sincera, ofrece una disculpa, perdona o establece un límite prudente. Si la situación implica abuso o peligro, busca la ayuda de una persona confiable y capacitada. Pídele a Dios, en el nombre de su Hijo Jesús, que quite de tu corazón todo aquello que no provenga del fruto del Espíritu Santo, que te colme de su Espíritu Santo y sustituya el resentimiento por su amor, sabiduría y paz.

Oración de hoy

Abba Padre, gracias por escogerme y rescatarme por medio de tu Hijo Jesús. Gracias por perdonarme, no porque lo mereciera, sino por tu misericordia y tu gracia. Tú conoces las ofensas y heridas que llevo en mi interior. Ayúdame a perdonar como tú me has perdonado. Pongo la justicia en tus manos y renuncio al deseo de venganza. Dame sabiduría para buscar la paz sin negar la verdad y para establecer límites saludables cuando sean necesarios. Quita de mi corazón todo aquello que no provenga del fruto del Espíritu Santo y cólmame de tu Espíritu Santo. Sana mis heridas y no permitas que el resentimiento eche raíces en mí. Revísteme de compasión, bondad, humildad, amabilidad, paciencia y amor. Te lo pido en el nombre de tu amado Hijo Jesús. Amén.